La novela semanal que te va a enganchar
Jesús, 47 años.
«No busco nada… excepto a quien merezca todo».
Debería haber deducido que, con esa frase en su perfil de Tinder, mi primera cita en este tipo de apps no tendría buen pronóstico.
Me llamo Amanda y llevo más de un año divorciada, tiempo más que razonable para volver a la vida amorosa, según mis amigas. Aunque yo, oyéndolas a ellas hablar de sus citas no tenía muy claro que eso fuera una buena idea.
Jesús tenía una foto aceptable. Él de perfil, jugando con las sombras. O lo que es lo mismo, una silueta en la que no se apreciaba su cara. Detrás de él, un salto de agua precioso y bien iluminado. Al menos parecía un tío atlético y con pelo… y no es que yo fuera buscando a Ken –no me parezco en nada a Barbie–, pero para la primera cita quería a alguien “guapo” según mis estándares personales.
Fue mi amiga Marga quien deslizó hacia la derecha.
—Tiene buena pinta. Para lo que es, ya te vale —dijo.
—¿Y para qué es? —pregunté, temiendo la respuesta.
—Para f*llar es más que suficiente —añadió Lili.
—Pero… yo aún no he llegado a ese punto de ir tan a saco. Yo quiero una cita normal, tomar algo, una charla entretenida…
—Amanda, cariño —me cortó Marga usando un tono condescendiente—. No te hemos abierto un perfil en una app de citas para que encuentres el amor, sino para darle una alegría al cuerpo.
El sonido notificando el match me sorprendió más a mí que a ellas.
—¡Ay, madre! ¿Le gusto? —grité entre asustada y emocionada.
Varios pitidos anunciaron la llegada de mensajes. Marga cogió el móvil y leyó en voz alta:
”Hola, preciosa. ¿Serás tú la que merece todo? ¿Quieres que lo comprobemos? ¿Unos vinos hoy a las siete?”
Mientras yo negaba de forma enérgica con la cabeza, Marga empezó a escribir y Lili a leer:
"Por supuesto. Me muero de ganas por saber qué es lo que me merezco, guiño, guiño. ¿Conoces El Rincón, en la esquina de la plaza? A las siete nos vemos”.
—¿Pero cómo le pones eso? —chillé, escandalizada.
—Tienes dos horas hasta tu cita —dijo Marga, entregándome mi teléfono—. Yo de ti me depilaba.
Y mientras mis amigas se reían, contentas ante mi primera cita, yo aún pensaba si lanzarse a este mundo desconocido para mí iba a ser buena idea.
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